Eritrea : Rebeldes impresiones y bellas reflexiones
Eritrea : Rebeldes impresiones y bellas reflexiones

Eritrea : Rebeldes impresiones y bellas reflexiones

Asmara tiene el discreto encanto de una antigua ciudad colonial cuya memoria, sellada detrás de sus fachadas de estilo racionalista, puede estallar en una conversación fortuita con un anciano que se dirige al visitante en un perfecto italiano. La venta informal de antiguas monedas y vetustos libros solo es una excusa para ofrecernos el tesoro de unas palabras cargadas de historia.

La ciudad fue fundada por los italianos en el transcurso de escasos años. Sus plazas, salas de cine y teatro, sus cafeterías y su poderosa infraestructura, incluyendo la red vial y ferroviaria, debían hacer de Asmara una pequeña Roma para los colonos instalados en Somalia. Pero el desenlace de la segunda guerra mundial lo decidió de otro modo. Tras vencer al fascismo italiano, el imperialismo británico consideró que el desarrollo en Eritrea no podía sobrepasar al de Etiopía, así que se apresuró a desmantelar todas las modernas infraestructuras ya creadas, y la historia del ferrocarril eritreo se detuvo para siempre en el tiempo.

A menudo se recuerdan los campos de batalla en el suelo europeo. Menos conocidas y honorables, aunque igualmente de decisivas, fueron las batallas que tuvieron lugar en los territorios africanos. Produce una impresión considerable visitar un cementerio británico en las cercanías de Keren. Los soldados enviados al frente, como puede constatarse en los nombres de las lápidas simétricamente alineadas, eran sobre todo hindúes de una edad comprendida entre 20 y 26 años…Quizás algunos ingleses tuviesen un exquisito gusto de gentlemen, pero eso no les alcanzaba para enviar como carne de cañón a sus propios retoños con la sagrada tarea de defender su “civilización”.

La oficina de correos de Asmara, creada en 1916 por el arquitecto Eduardo Cavalieri, mantiene intacta la bella decoración de la época, cuyos motivos en el techo representan la diversidad de los productos agrícolas fabricados en las diferentes regiones de Eritrea y sus principales ciudades. La luz natural se introduce en el interior del edificio a través de un techo formado por múltiples vidrios de colores en forma cuadricular. En la parte superior de los muros, la luz también entra por una serie de pequeñas esferas que simbolizan el marcador de un teléfono tradicional. La oficina es un lugar animado que recibe las visitas pedagógicas de una escuela de primaria. Hoy cinco clases diferentes se han reunido en el interior. Los alumnos están sentados mientras las maestras les indican cómo escribir una carta que un rato después será enviada a sus familiares o amigos. Eso tan mágico y único de recibir un correo postal que está cayendo en el olvido por culpa de la “tiranía comunicacional” impulsada por los países “más avanzados”…

***

En el primer aniversario de la paz entre Etiopía y Eritrea en julio de 2019, un discurso de odio circuló en las redes de sociales mediante el uso del hashtag “yakl” (ya basta), donde se pedía el fin de la “dictadura” en Eritrea. La primera reacción de un eritreo es soltar una carcajada similar a lo que ocurre al oír un chiste. Luego aclararnos francamente que falta lo esencial: que provoque alguna gracia.

Tras la experiencia histórica del largo conflicto que sostuvieron con Etiopía entre septiembre de 1961 y mayo de 1991, los dirigentes eritreos han mantenido ciertas precauciones hacia la apertura política, aunque en reiteradas ocasiones el presidente Isaías Afwerki haya anunciado su voluntad de celebrar elecciones y permitir la creación de partidos políticos “cuando llegue el momento y las condiciones lo permitan”.

Este particular contexto de “ni guerra ni paz” es el que ha prevalecido desde la declaración de independencia en 1993 y en particular, tras las agresiones de Etiopía en la frontera eritrea, que condujo a una nueva guerra entre mayo de 1998 a junio del 2000. Eso explica que en Eritrea no exista todavía una verdadera oposición política y quienes atacan al gobierno lo hagan desde países extranjeros. Cuando se conoce cuál ha sido el precio pagado por los combatientes eritreos en la obtención de su independencia, resulta muy difícil obviar sus testimonios e inclinar la testa ante cada alegación de quienes reniegan los compromisos de la historia colectiva a cambio de su codicia personal. Para los eritreos semejante actitud es un insulto a su sentimiento patriótico.

Eritrea es un país pequeño con una independencia ganada a costa de infinitos sacrificios. Salió victorioso de una terrible guerra frente a un régimen etíope que no dudaba en dedicar todos sus esfuerzos en desplegar operaciones bélicas con el apoyo de grandes potencias, al mismo tiempo que su propia población fallecía como consecuencia de una hambruna de dimensiones bíblicas. El lema del pueblo eritreo es la autosuficiencia, poniendo en práctica los valores del “contar con sus propias fuerzas” que el presidente tanzano Julius Nyerere había defendido para África.

La persistencia de una matriz de intoxicación mediática contra Eritrea, incluso tras el acuerdo de paz con Etiopía firmado en julio de 2018, debe alertar a los defensores de la soberanía de los pueblos y del derecho internacional. Quien crea tener el deber de ejercer la solidaridad internacional con un pueblo debe ganarse el derecho de hacerlo…tomándose algo de tiempo para conocerlo.


© CopyRight — Agencia Boliviana de Información 2024 ABI